Colección Abrazo de letras - Serie Roja - HAY UN LOBO EN EL TREN

Formato: 
17 cm x 24 cm
N° Páginas: 
64
ISBN: 
978-987-4007-04-9
$180

El verano termina y Lucio debe dejar la casa de sus tíos para subirse al tren, junto a su madre. No está contento: las vacaciones fueron fabulosas y sabe que las extrañará. Pero en el tren conoce otros chicos y juegan a contarse cuentos de miedo.

Abrazo de letras:Novelas para todas las edades desde primeros lectores hasta lectores apasionados.
Es una colección de divertidísimas novelas cortas y serie de cuentos, que estimula la formación de lectores.
Otros títulos de esta colección:

Serie amarilla
• El brujo Miguelito
• El mar
• Todos los monstruos ( Novedad 2016

Serie verde
• Gaspar transformación total
• Margarita
• Melina, la maguita del altillo

)Serie roja:
• Misterio en el teatro
• El cuentomóvil
• La casa de la risa
• Quiero ser Pérez
• Topotiño / Rosina y el sombrilunio
• Pichón de hadas
• Tobías Popovich en el planeta de los cuentos
• Quiero una mascota
• El bosque no se vende
• Hay un lobo en el tren (Novedad 2016)

y para los lectores mas avanzados .:Lectores apasionados
Serie blanca: • ( Novedad 2016)

• Música Maestro ( Novedad 2016)
• La gallina enamorada ( Novedad 2016)
• Permiso ,soy Maia ( Novedad 2016)

Acerca del Libro (resumido): 
El verano termina y Lucio debe dejar la casa de sus tíos para subirse al tren, junto a su madre. No está contento: las vacaciones fueron fabulosas y sabe que las extrañará. Pero en el tren conoce otros chicos y juegan a contarse cuentos de miedo. Hay una pasajera sospechosa, vestida de negro, que aparece y desaparece. ¿Quién es? ¿Qué busca? ¿Cómo es que sabe todos los cuentos? El viaje se convierte en una travesía acechada por un peligro incierto. Cuentos dentro de cuentos, humor y aventura, y una imaginación desatada para un largo viaje en tren que se hace corto. Cortísimo.
Acerca del libro: 

Autor: Franco Vaccarini
Ilustrador: Ariel Escalante

Sobre el autor: 

“Todo lo que olvidamos vuelve como fantasma” (Autobiografía)
Por Franco Vaccarini
Me llamo Francisco Juan, porque heredé el nombre de mis abuelos materno y paterno, y de yapa nací un 4 de octubre, día de San Francisco, hace 48 años. Sin embargo, en uno de mis libros, El cuaderno blanco de papá, hay un cuento que se llama “El día que elegí mi nombre”. Sí, hubo un día en que decidí que mi nombre iba a ser Franco y así me presenté en el Centro de Estudiantes de Lincoln, a mis quince años. Desde entonces, en la revista del Centro, comencé a publicar poemas como Franco Vaccarini.
Desde muy chico escribo todos los días.
Desde muy chico lleno cuadernos con poemas, ideas, prosas sin rumbo, listas; costumbre que mantengo. ¡Esos cuadernos! Apenas los miro. Pero necesito escribir con las lapiceras que me regalan en las escuelas: escribir a mano me lleva al campo, al farol a querosén, a mi padre en la cocina inclinado sobre su propio cuaderno después de la dura jornada, a mi madre escarbando en los diccionarios para completar un crucigrama.
Escribí unos mil poemas durante la secundaria. No es serio, lo sé. A los veinte años hice una fogata y los quemé, junto a más de cien cartas que recibí mientras hacía el Servicio Militar, en 1982. Etapa que reviví con la novela Nunca estuve en la guerra. ¿Por qué motivo quemé los poemas? Porque nadie puede escribir mil poemas buenos en la adolescencia. Nadie puede escribir mil poemas buenos en toda una vida. ¿Y por qué motivo quemé las cartas? No lo sé, pero lo sospecho: para no olvidarlas. Solo recordamos aquello que se hace ceniza en nosotros. Es el magma que necesitamos para que se nos entrevere la vida con la imaginación, las lecturas y los sueños, las pelusas de la memoria. Todo lo que olvidamos vuelve como fantasma, por eso a veces no sabemos de dónde llegan tantos pájaros desconocidos.
Entrevisté a Borges a los 18 años. Si él fue amable conmigo, yo puedo y quiero ser amable con el mundo entero, salvo que me hagan engranar, porque tampoco soy el maestro ninja. Fui a talleres literarios. De José Pepe Murillo aprendí la dignidad de la resistencia y el amor por el terruño volcado en el papel. De Hebe Uhart rescato todo: su escritura, su inteligencia, su mirada extraterrestre sobre las cosas cotidianas, su austeridad y el jugo que le saca a las piedras. Aunque hace tiempo descubrí que solo puedo ser yo, admiro a los nunca demasiados escritores, de tantos países y siglos. Los libros me ayudaron a encontrar a mis verdaderos amigos. Me gusta ser feliz e infeliz rodeado de libros. No sé manejar autos, nunca jugué bien al fútbol, y en las oficinas jamás fui el empleado del mes. Concentré toda mi energía en escribir, como esos boxeadores que no tienen más opciones que hacerse un camino con sus puños.
Encontré mi voz y mi lugar escribiendo para chicos y jóvenes. Estoy convencido de que mis libros no hacen daño a los adultos.
Soy padre de dos hijas, hermano de siete hermanos, sobrino de catorce tíos, primo y tío de primos y sobrinos en todo el país. Los encuentro cuando voy a ferias del libro, o viajo invitado por el Plan Nacional de Lectura, o por alguna editorial. Mis cuatro abuelos descansan en el cementerio viejo de Lincoln: sus tumbas están pegadas y, creo, ya no discuten entre sí. Mis padres descansan en el cementerio nuevo, mucho más civilizado, con pastito verde y árboles. Allí nos sentamos con algún pariente, a charlar y a recordar, hacia la Navidad o el Año Nuevo. Siento que mi vida se parece a mí. Escribo porque hay algo que quiero saber, pero sobre todo para aceptar que las cosas son como son. Al menos, hasta la próxima página.
Libros en Editorial Hola Chicos
Para ir muy lejos - Colección Cuentos con mayúsculas
El fantasma que tira la ropa - Colección Abrazo de letras Serie Amarilla
la casa de la risa- Colección Abrazo de letras Serie Roja
El día que nació la noche - Mitos de América
Mitos de terror y humor (Novedad 2017)

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