¿Hacemos un balance anual de los encuentros y desencuentros entre la Familia y la Escuela?

 

                La escuela es una institución con dos destinatarios muy activos y con un proyecto dirigido a satisfacer necesidades de una audiencia externa diferenciada: padres e hijos.

Los alumnos tanto como los educadores familiares y escolares conforman una trilogía interdependiente, sustento de la dinámica escolar. Ninguno de estos tres ejes debe accionar de manera independiente con respecto a los otros para que no peligre el necesario equilibrio.

El vínculo entre padres y educadores tiene mucho de competitivo y evidencia una tensión cuya dificultad mayor radica en la dificultad de descentrarse e integrarse. La integración está relacionada con la diferenciación y la división de tareas y el compromiso frente a las mismas sin que esto signifique aislamiento o enfrentamiento entre las partes. Por el contrario se trata de promover la coordinación y la reciprocidad considerando las expectativas mutuas de ambas partes.

El hecho de que la familia y la escuela sean co-educadores es uno de los aspectos que dificultan el vínculo; otro, es la formación profesional de los educadores tanto de grado como continua que no incluye programáticamente contenidos que tengan que ver con los padres, el 50% de la población destinataria de su actividad profesional.

Además del nivel de análisis organizacional de la institución escuela que tiene que ver con la estructura de roles, la tarea específica y los vínculos hay también un nivel de análisis intersubjetivo que alude a las representaciones imaginarias subyacentes que aporta riqueza a la comprensión de los fenómenos y procesos escolares. Con la incorporación de esta dimensión de análisis se pretende ampliar y resignificar la lectura de lo manifiesto.

Ambos niveles de análisis deben completarse con la contextualización de la escuela en situaciones críticas: cambioseconómicos, sociales, culturales que la impactan fuertemente.

La comunicación al interior de la institución escolar, entre todos los actores y con el afuera, constituye un elemento de gran valor para implementar estrategias de cambio y para reajustar las relaciones en niveles más profesionales no exentos del afecto centrado en la tarea.

La clave para que sean más los encuentros que los desencuentros, tal vez radique en no ver a los padres como "problemas agregados" sino como un desafío tan importante para el desempeño de los educadores como el que representan los niños.

 

Sylvia Pulpeiro